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domingo, 23 de marzo de 2008
Hay que leerlo 2 veces
Le gusta alguien más. Se mensajean y coquetean. Pero no fue por eso que me terminó, dijo, sino porque ya estaba cansado de lo nuestro. Yo no lo crei. Ese tipo me había robado al novio. Por eso había que odiarlo y convertirlo en el enemigo. Pero si el tipo tiene novio, no le interesa nada conmigo, lo defendió. Y entonces sobrevino lo más duro. El tipo me había robado al novio sin siquiera proponerselo. Que no te robó nada, me dijo, que yo terminé por tí, por mí, por nosotros, por lo que hiciste hace ya mucho tiempo y arruinó desde entonces lo que teníamos. ¿Y como voy a aceptar eso? El tipo escribe mensajes donde recibe los besos que virtualmente se le envian y el exnovio se ofrece a entregarlos en persona. Sobre reclamar, ni pensarlo, ya no hay compromisos ni ataduras. Los besos jamas se dieron. Pero en favor del hombre que ahora le gusta y en favor de la verdad, él me exige, no puedes odiarlo, él no tiene la culpa. Hasta que consigue que entre lágrimas yo suplique que me permita hacerlo. Prefiero mil veces pensarlo culpable y ladrón, a tener que aceptar que no fui suficiente, que no di el ancho, que le perdí en el camino por no amarrarlo. Y entonces ahora estamos hablando de tapetes y cobijas para evitar el espinoso tema de nuestras desavenencias y de mis desvarios. Como ya David lo dijo, hay verdades que no pueden soportarse.
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